Una historia que funciona casi nunca es una foto sola: es una foto con algo encima. Un garabato, una palabra, el adhesivo de la hora. Eso es lo que convierte una imagen cualquiera en algo que apetece ver.

Aquí tienes 19 ideas agrupadas por el recurso que usan, para que puedas aplicarlas a tus propias fotos.

Dibujar encima de la foto

El rotulador de Instagram es la herramienta más infrautilizada que hay. Con el trazo de neón se escribe a mano, se rodean cosas o se dibuja encima de lo que sale en la foto: unos cuernos sobre una sombra, un personaje sobre un ojo. Truco: pinta con el dedo manteniendo pulsado el color para llenar la pantalla entera y luego borra con la goma para descubrir lo que hay debajo.

Marcos y texto

Un marco blanco fino alrededor de la foto la hace parecer más cuidada sin esfuerzo: se consigue poniendo la imagen sobre un fondo liso y reduciéndola con los dedos. El texto funciona mejor corto y en una esquina, no centrado y grande. Dos palabras bastan.

Detalles del día a día

Los pies, las manos, un bol de fruta, unos auriculares. Las historias de detalles descansan la vista entre tanta cara, y son las más fáciles de hacer porque no hay que posar. Funcionan especialmente bien con un texto pequeño que cuente algo, no que describa lo obvio.

En el espejo

El espejo del baño, el del ascensor, el de una tienda. Resuelven la historia del día en dos segundos. Ponte de cara a la luz, sujeta el móvil a la altura del pecho y añade después un garabato o un adhesivo para que no sea solo un selfie. Si te van, mira las 22 poses en el espejo.

Dudas que suelen salir

¿Cómo hago el efecto de rellenar y borrar?

Elige un color, mantén pulsado sobre la pantalla hasta que se llene entera y después usa la goma para descubrir la parte que quieras. Es el truco que hay detrás de la mitad de las historias que parecen editadas con una aplicación.

¿Cuánto texto pongo?

Poco. Dos o tres palabras en una esquina se leen; un párrafo centrado no lo lee nadie, porque una historia dura unos segundos.